Los hijos de Laván

En la parashá de esta semana, Vaietzé (y salió), la Torá relata las peripecias que fueron marcando la vida de Iaacov luego de escaparse de la casa de su padre para no ser asesinado por su hermano Eisav.

Primero entrega todo lo que tenía a su sobrino Elifaz, que lo persiguió para matarlo por mandato de Eisav, luego se encuentra con Rajel, trabaja siete años para casarse con ella, pero su suegro, Laván, lo engaña y lo casa con Lea. Luego de una semana se casa con Rajel y trabaja siete años más. Mientras tanto tiene once hijos y una hija en medio de una creciente rivalidad entre sus esposas. Luego trabaja seis años más con el ganado de Laván y, por último se escapa de la casa de Laván con toda su familia.

Laván, el suegro de Iaacov, era un maestro del engaño. De hecho, la Torá lo llama Laván HaAramí, el arameo, pero, cuando damos vuelta las letras de la palabra HaAramí, nos quedamos con la palabra HaRamaí, que significa el embustero.

Luego de trabajar catorce años por sus esposas y tener doce hijos, Iaacov se encuentra con que no tiene realmente con qué mantener a su familia fuera de la casa de Laván. El trato con Laván era que Iaacov trabajaba y Laván lo mantenía junto a su familia, pero, en forma independiente, Iaacov era pobre. Por eso decide trabajar para sí mismo.

Y la forma en que lo hace, en general, es que desarrolla su propio negocio de pastor, su ganado, a partir del ganado de Laván. Le pide a Laván que le preste una ovejas y unas cabras (Bereshit 30:31 y ss.) y, luego de mezclarlas, él se quedaría solamente con las cabras con manchas negras, y con las ovejas marrones. El resto, las ovejas y cabras blancas o de otro color, serían de Laván. Hecho el trato, Laván retira todas las cabras manchadas y ovejas marrones (¡con lo que Iaacov no tenía de dónde sacar los genes para reproducir cabras manchadas y ovejas marrones!) y le da unas cabras y ovejas viejas a Iaacov, ¡y que se arregle!

Luego de seis años de trabajo y la ayuda de Di-s (ver Bereshit 31:11-12 y el comentario de Rashi ahí), Iaacov genera mucha riqueza a partir del ganado de Laván.

Ahora bien, la Torá relata lo que los hijos de Laván andaban diciendo por ahí (Bereshit 31:1): “Y escuchó (Iaacov) las palabras de los hijos de Laván diciendo: 'Se llevó Iaacov todo lo de nuestro padre, y de lo de nuestro padre juntó toda esta riqueza'”. Nosotros, como observadores externos, sabemos que Laván engaño a Iaacov muchas veces (Bereshit 31:7) y Di-s estuvo del lado de Iaacov en todo el proceso de generar dinero para mantener a su familia. Sin embargo, los hijos de Laván consideraban que Iaacov había sido el embustero.

De hecho, hay un comentario (Kli Iakar) que explica el versículo citado (31:1) planteando una contradicción en las palabras de los hijos de Iaacov: Si Iaacov se llevó todo lo de su padre, ¿cómo juntó de lo de su padre su riqueza (suena que Laván aún tenía algo, Iaacov simplemente juntó su riqueza a partir de la de Laván, pero no se la llevó toda)? Y responde: Iaacov se llevó, o sea aprendió, toda la capacidad de engaño de Laván (a eso se refieren con “lo de su padre”), para, luego, juntar de lo de su padre (o sea, de las ovejas y cabras de su padre), su propia riqueza (la de Iaacov). O sea que los hijos de Laván mismos reconocían la embustería de su propio padre...

A pesar de los comentarios malignos, Iaacov, que sabía que su accionar fue correcto, no les presta atención y continúa con su retirada de la casa de Laván (Además Di-s mismo le dijo, en una profecía, que era hora de volver a casa...)

De aquí debemos extraer una enseñanza importante: muchas veces ocurre, en los ambientes familiares, laborales, comunitarios, deportivos, etc., que alguna persona cuestiona el accionar de otra, directamente, o indirectamente, de una manera u otra (me refiero a cuestionamientos objetivamente injustos e infundados). Y quien fue cuestionado se siente muy mal, porque, objetivamente hablando, actuó bien, de buena fe, correctamente, etc.

Debemos saber que el mundo entero es la casa de Laván. El mundo entero es una especie de engaño, donde la Di-s, Fuente de toda Vida, está oculto y da lugar a todo aquello que se opone a Su Voluntad. Se puede llegar a pensar que se puede vivir sin Di-s, ¡Di-s libre y guarde! Y en la casa de Laván viven los hijos de Laván, que no tienen nada que hacer con sus vidas y se dedican a cuestionar (en general por envidia) el accionar de quienes quieren hacer algo bueno con la mejor de las intenciones. La enseñanza es que no hay que prestarles atención, no hay que sentirse afectado ni deprimido, el sistema es así porque Di-s lo creó así, y, cada cuestionamiento debe servir como impulso para hacer mayor cantidad de actos de bondad y, de vez en cuando, decir un salmo por los hijos de Laván, que Di-s los ayude...

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