La propia oscuridad

Estamos cerca del final de la festividad de Jánuca. Cada momento en el judaísmo se vive de acuerdo a sus costumbres específicas y las leyes que lo distinguen del resto. Por ejemplo, el Shabat tiene un juego de leyes particulares que sólo se aplican cuando es el séptimo día de la semana. La festividad de Pesaj tiene otro juego de leyes (a veces hay puntos en común entre diferentes momentos también) que sólo rigen cuando llega el 15 de Nisán, y así sucesivamente.

Sin embargo, las enseñanzas jasídicas resaltan la idea de que cada momento del año, con sus leyes y costumbres tiene, en realidad, un efecto y varias enseñanzas para la vida cotidiana, aún cuando no sea ese momento original. De la misma manera, Jánuca contiene enseñanzas que pueden aplicarse en oros momentos de la vida.

Nuestros sabios explican que las velas de Jánuca deben encenderse "en la puerta de la casa, del lado de afuera". La razón halájica - legal - de esto es para publicar el milagro de Jánuca, hacerlo conocido.

Los maestros jasídicos explican, además, que la enseñanza en el servicio a Di-s de este lugar de encendido es para iluminar el "afuera". La idea básica es que debemos traer luz de Torá, bondad, santidad, buenos sentimientos al mundo en general, que se encuentra en un estado de "oscuridad" y "afuera".

Ahora bien, existe un "afuera" y una "oscuridad" personal. Es muy fácil hablar y dedicarse a mejorar el mundo en general, ya que, de cualquier manera, es algo tan grande y tan global que no requiere un involucramiento activo en el trabajo ni tampoco un esfuerzo en tiempo y forma. Es decir, el efecto de una persona haciendo un favor a otra es (aparentemente) tan insignificante que, después de todo, no resulta tan difícil hacerlo en la práctica. ¿Quién no hace algo bueno de vez en cuando?

Sin embargo, la profundidad del mensaje de Jánuca no se remite a lo que está afuera de la persona misma, sino que afecta también a aquellas cualidades en la persona que se encuentran afuera en su relación con Di-s, aquellas actitudes que son oscuras e inapropiadas a la luz de la torá. La idea de iluminar la oscuridad afuera comienza principalmente con uno mismo, con el refinamiento de las propias cualidades y actitudes, en los ámbitos del pensamiento, la palabra y la acción.

Y la forma de comenzar es iluminando la propia vida, con esa luz tan poderosa y sublime que es la Torá, como dice el versículo "Porque la Mitzvá es [como una] vela y la Toŕa es [como la] luz".

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

12 − 8 =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.