El placer Divino

La sección de esta semana se llama Vaikrá, "Y llamó", la primera del tercer libro de la Torá. El orden de los acontecimientos que llevan a esta parashá (y al libro en su totalidad) es que, luego de la construcción del Mishkán, el Santuario del pueblo judío, al final del libro anterior, Di-s nos enseña las leyes relativas al mismo, comenzando por los sacrificios en todas sus formas y momentos, pasando por la leyes de pureza e impureza, cashrut y demás preceptos que tienen algo que ver con el Santuario.

La costumbre es que lo primero que se estudia con un niño es, precisamente, el libro de Vaikrá. La primera parashá del mismo habla en su totalidad de ofrendas de animales y vegetales que se debían llevar al Mishkán por iniciativa propia o por obligación. En sí, se trata de una parashá sumamente técnica, donde se describen en gran detalle las partes de los animales y vegetales a quemarse en el altar, cómo debía ofrendarse la sangre, qué tipos de sacrificios había, etc. La pregunta es, ¿por qué se estudia esto con un niño? Habiendo en la Torá tantas historias significativas, formadoras de moral y valores, ¿por qué estudiar algo tan técnico?

La respuesta reside en una expresión que se repite varias veces en la parashá (Vaikrá 1:9, 1:13, 1:17 y más): "Un aroma agradable, una ofrenda para Di-s". Esta expresión se refiere a que un sacrificio ofrendado de la manera descripta en la Torá se vuelve, al ser quemado en el altar, "un aroma agradable […] para Di-s". Nuestros sabios se preguntan ¿Acaso Di-s tiene nariz para oler un aroma agradable? Más aún, parte de lo que se quemaba eran las plumas de palomas, que producen un olor muy desagradable para el ser humano, ¿qué tiene esto de "aroma agradable"?

Nuestros sabios explican esto utilizando un juego de palabras del hebreo, que el "aroma agradable" es, en realidad, un placer para Di-s, que El dictó y nosotros cumplimos (ver Rashi en Vaikra 1:9) (en hebreo, reaj nijoaj se transforma en najat ruaj), es decir, a pesar de ser algo incomprensible para el hombre, el hecho mismo de haber cumplido con una orden Divina, genera satisfacción y placer en Di-s.

Volviendo al asunto de que esto es lo primero que se estudia con un niño, la idea es que la Torá no es sólo un libro de buenas cualidades, moral y ética, junto a un montón de historias interesantes, sino que es un libro donde se describe la voluntad de Di-s, qué quiere Di-s de cada uno de nosotros, independientemente de si le vemos utilidad y sentido, o no. Y aquí reside el nivel más elevado de observancia de la Torá, cuando la persona cumple una Mitzvá simplemente por lo que es, un mandato Divino.

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