Chispas

En la sección de la Torá de esta semana aparece el relato de la vida de Iaacov en la casa de Laván. Como es sabido y la Torá misma testifica de esto, Iaacov era una persona íntegra, un hombre de bien. Por el otro lado, Laván era un mentiroso, como la Torá dice, que Laván era aramí - literalmente arameo - y nuestros sabios explican que podemos leerlo como ramaí (dando vuelta las letras), que significa embaucador.

Se plantea entonces la pregunta: ¿qué hacía Iaacov en la casa de Laván? Si bien él debía escaparse de su hermano Eisav que buscaba matarlo, podría haber ido a algún otro lugar más orientado hacia sus intereses y su vida personal (más aún, el lugar donde vivió por veinte años, Jarán, era un lugar lleno de gente como Laván...).

Para comprender esto debemos analizar una idea que nos trae la Cabalá. Está explicado que cada objeto y situación tienen dentro suyo una chispa de Divinidad que les da existencia. Con esto se explica el versículo de la Torá (Devarím 8:3) que dice que "No solamente del pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Di-s vive el hombre", es decir, lo que da vida es la chispa de Divinidad encerrada en el pan, no el pan por sí mismo.

Lo mismo ocurre con los eventos a los que uno se ve enfrentado en la vida, las circunstancias, las personas con quienes uno se encuentra en la calle, etc., todo tiene un "alma", una fuerza Divina que hace que el evento sea.

A su vez, cada persona tiene una cantidad de chispas Divinas que debe elevar y refinar a lo largo de su vida. Uno no puede hacer el trabajo del otro y viceversa. Es una tarea personal de la cual depende la razón misma de la vida.

Con esto vamos a entender qué hacía Iaacov en la casa (y ciudad) de Laván. Iaacov tenía chispas de Divinidad que elevar y refinar en Jarán y en la casa de Laván.

Ahora bien, después de veinte años allí, cuando Iaacov se escapa de la casa de Laván, éste sale a perseguirlo... Si Iaacov se fue es porque ya no había más trabajo espiritual para hacer, entonces, ¿por qué Laván lo persigue?

Hay dos tipos de chispas que uno eleva a lo largo de su vida. Están aquellas chispas que uno busca a conciencia, porque reconoce el potencial de santidad y bondad en un objeto o evento en su vida. Luego están aquellas oportunidades cuyo potencial es tan elevado que no puede ser identificado debido a nuestra limitada percepción. La redención de estas chispas nos llega como algo involuntario, involucrándonos con objetos y situaciones que trascienden el control que ejercemos de nuestra vida.

Está en nosotros buscar, reconocer y elevar estas chispas Divinas en todas las situaciones y objetos que nos encontramos, ya sea las situaciones voluntarias y felices de la vida, como las involuntarias y a veces tristes.

A través de este reconocimiento vamos a aprender a encontrar a Di-s en todo lugar y revelarlo, llevando este mundo hacia su completitud, con la revelación de nuestro justo Mashíaj, ¡YA!.

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