A Gut Iom Tov

Shneur Zalman de Liadi

¡A Gut Iom Tov!, ¡Jag Sameaj!, ¡Felicidades!. Hoy es el 19 de Kislev, el día de la liberación del Alter Rebe, Rabí Shneur Zalman de Liadí, en 1798. El Alter Rebe fue falsamente acusado de traición al gobierno del Zar y, luego de 53 días de encarcelación, fue liberado de todo cargo en su contra. Los jasidím, a lo largo de los años, festejan este día con reuniones (farbrenguens) en donde se enfatiza y estimula el estudio de la parte oculta de la Torá, la filosofía jasídica. Para entender un poco la importancia de esta fecha, debemos comprender primero el desarrollo de la Torá desde su entrega, hace 3,323 años.

En general, cuando observamos la evolución de los códigos de leyes que la humanidad fue produciendo en las diferentes épocas, vemos que los mismos van agregando leyes e incisos a medida que la situación de la sociedad cambia y, aquellas leyes que quedan obsoletas son borradas o modificadas para adaptarlas a los tiempos. Es decir, la ley va cambiando de acuerdo al hombre. Podríamos pensar que lo mismo ocurre con la Torá, pero no es así: la Torá es la misma desde que fue entregada y lo que cambió es el hombre.

En la halajá (ley judía) se habla muchas veces de la diferencia entre jeftza, el objeto y gavra el individuo. ¿Qué factor es el fijo y cuál el variable? En los códigos de leyes de la humanidad, el individuo es el que es fijo, y el objeto (en este caso la ley), cambia. En el judaísmo es al revés: el objeto (la Torá) es fijo y el hombre (la sociedad, la mentalidad e idiosincrasia) cambia.

Con esto vamos a entender por qué, a lo largo de la historia judía vemos un desarrollo constante en la revelación de la Torá: primero vinieron la Torá Escrita y la Oral entregadas a Moshe en el Monte Sinaí. Luego se transcribió la Torá Oral en la Mishná. Luego en la Guemará, formando ambas juntas el Talmud. Luego vinieron (en resumen) los Gueoním (genios), los Rishoním (los primeros) y luego, hasta el día de hoy, los Ajaroním (últimos) comentaristas y legisladores.

Lo mismo ocurre con la parte oculta de la Torá, el misticismo judío, al comienzo estuvo oculto, luego se plasmó en unos pocos libros escritos en forma críptica, luego vino el Zohar, sólo un poco más claro, luego una era de grandes comentaristas místicos hasta llegar al Arízal, ahí por mitad del 1500 de la era común, para después llegar al Baal Shem Tov y el jasidismo en general.

Toda esta evolución, tanto en los aspectos revelados de la Torá como en los ocultos, no es un cambio en la Torá misma, sino que, de acuerdo a la necesidad de la época, dependiendo del estado espiritual del pueblo judío en un momento determinado, se reveló un aspecto más de la Torá que antes estaba con toda su fuerza y vigencia, pero oculto, por así decir, en potencial. El objeto de la Torá permaneció siempre igual, solamente que estaba oculto en parte, mientras que los cambios en la humanidad fueron haciendo que se revelen más partes.

A partir del 19 de Kislev, se reveló ampliamente la filosofía jasídica al estilo JaBaD, es decir, la explicación racional y lógica de conceptos como la unicidad de Di-s, el amor y temor a Di-s, la Providencia Divina y demás asuntos muy profundos y complejos que hacen a la relación del hombre con Di-s, con sus pares y consigo mismo.

Es esta forma de ver el judaísmo, la perspectiva jasídica, que se denomina la Torá del Mashíaj, la que nos va a ayudar a realizar los últimos preparativos para traer la Redención Final, a través de nuestro Justo Mashíaj, rápido en nuestros día, Amen. ¡A Gut Iom Tov!.

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