Tres por uno

La sección de esta semana, Ki tetzé - cuando salgas, es una de esas secciones que contiene muchos preceptos (74 en total). Ahora bien, siendo una sección relativamente corta, se desprende que hay preceptos expresados en unos pocos versículos y, a veces, en uno o parte de un versículo.

Ese es el caso del "cerco". La Torá dice (Devarím 22:8): "Cuando construyas una casa nueva, harás un cerco a tu techo, y no pondrás sangre en tu casa, cuando se caiga quien cae de él". Antiguamente, los techos de las casas eran utilizados para almacenar cosas, o para secar la producción agrícola durante el verano, como el trigo o higos y dátiles. Entonces, de manera de evitar un accidente, la Torá manda a proteger el techo de la casa. De hecho, de este precepto se desprende también la obligación de quitar todos los peligros y fortalecer todos los lugares débiles de nuestras propiedades.

Sin embargo, como mencionamos muchas veces, cada precepto de la Torá tiene una enseñanza en el servicio a Di-s, independiente de la observancia práctica del mismo. Aún si, por alguna razón, no se pudiese practicar el precepto, por ejemplo, quien no tiene casa no está obligado a construir un cerco en el techo, la enseñanza espiritual continúa vigente.

Para entender algunas de las ideas detrás de este precepto, debemos analizar con más detenimiento la sintaxis del versículo, en particular, la última palabra (en el original hebreo) mimenu, "de él". ¿A qué parte del versículo hace referencia? Es decir, ¿Quién es "él", de quien se cae quien cae? Aquí hay varias respuestas, y cada una nos deja algo diferente:

1)En el sentido simple, "él" se refiere al techo de donde se cae el accidentado, "cuando se caiga quien caiga de él (el techo)", enseándonos una nueva ley y Mitzvá de la Torá.

2)Ahondando un poco más, podríamos decir que "él" se refiere al accidentado mismo. "Cuando se caiga quien cae, de él": ¿De quién depende la caída? De él mismo. Todos los seres humanos sufrimos cambios a lo largo de nuestras vidas. Algunos para bien, elevándonos personalmente en diferentes aspectos (socialmente, económicamente, espiritualmente, etc.) y otros a la inversa. Nos encontramos en un constante estado de cambio y adaptación. Es común atribuir los cambios para bien a nuestros méritos, a pesar de que en realidad es Di-s quien nos da la fuerza para crecer, pero solemos olvidarnos de eso y nos enorgullecemos de nuestros logros. Sin embargo, cuando se trata de nuestras "caídas", solemos atribuirlas a factores externos a nosotros mismos, a circunstancias fuera de nuestro control que, de una manera u otra nos hicieron fracasar. Viene la Torá y nos dice que estamos equivocados: "Cuando se caiga quien cae, de él". Cada uno es responsable absoluto de sus propias caídas. La caída surgió de "él" mismo.

3)Por último, podríamos decir que la palabra "él" hace referencia al cerco, queriendo decir que quien cae, cae aún del cerco. En otras palabras, quien se encuentra en un estado espiritual de caída y no trabaja en su interior para mejorar, está en condiciones de caer aún de los lugares más seguros y preparados para salvar y proteger, cae aún del cerco.

Aquí vemos como de una palabra se pueden extraer varios conceptos, así, cada palabra, cada letra y aún, cada corona de cada letra (de acuerdo a la escritura tradicional de una Torá, donde hay letras que llevan unos "adornos" llamados coronas) se pueden extraer montañas y montañas de asuntos.

Ktivá veJatimá tová, leShaná tová uMetuká,

"Que sean inscriptos y sellados para bien, para un año bueno y dulce".

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