Suave como la caña

El Talmud (en el tratado de Taanit, 20b) declara que "Siempre uno debe ser suave como la caña y no duro como el cedro". Más allá de la historia particular que el Talmud trae, de una frase así pueden extraerse diferentes ideas.

En relación a la sección semanal de la Torá, el Midrash trae una explicación de los primeros versículos que, combinado con la anteriormente mencionada frase del Talmud nos va a dejar un concepto que tiene aplicación práctica.

La Torá dice, en ésta parashá que Di-s habló con Moshe en el Monte Sinai y le dio una serie de detalles sobre la Mitzvá de Shmitá (el descanso de la tierra luego de seis años de trabajo). El problema es que todas las Mitzvot fueron entregadas en el Monte Sinai, entonces, ¿por qué la Torá enfatiza que Di-s habló con Moshe en el Monte Sinai? El Midrash responde que así como las generalidades de las leyes de Shmitá y sus detalles más ínfimos fueron entregados en el Monte Sinai, de la misma manera, las generalidades y los detalles de todas las Mitzvot fueron entregadas en el Monte Sinai.

Dicho de otra manera, las personas tienden a pensar que lo que Di-s entregó al pueblo judío en el Monte Sinai fue solamente lo que está escrito en la Torá, que en algunos casos es muy escueto y resumido, mientras que las explicaciones y los detalles de esas "Mitzvot resumidas" fueron o entregadas más tarde o simplemente derivadas por nuestros sabios a lo largo de las generaciones. Por eso viene el Midrash y explica que no, toda la Torá fue entregada por Di-s en el Monte Sinai, desde las generalidades hasta los más mínimos detalles.

Cuando uno analiza la Torá, puede rápidamente ver que sus leyes se aplican y rigen todos los detalles de la vida de la persona, desde su nacimiento hasta su muerte (¡y aún después de la muerte!), desde que se despierta en la mañana hasta cuando se duerme, ¡incluyendo el tiempo de sueño! Es una especie de estructura que le da a la persona la forma de llevar adelante una vida feliz, de revelar su máximo potencial y llevarlo a la práctica.

Sin embargo, esta estructura es flexible. Y aquí es donde entra en juego la frase del Talmud. En lugar de proponer una estructura rígida e inadaptable, la Torá propone, dentro de ciertos límites fijados para el bien de la persona según su Creador (es decir, quién mejor para ponernos límites y enseñarnos el camino de la vida que nuestro propio Creador...) una estructura flexible, donde los sentimientos tienen lugar, donde los diferentes niveles espirituales son contemplados y las acciones juzgadas según el lugar, el momento y el nivel en el que se encuentra la persona.

Por eso la frase no dice suave como la crema o la cera derretida, etc., porque en ése caso se perdería por completo la estructura, la identificación con lo judío. Y lo mismo a la inversa, la frase no dice duro como el hierro, porque en ése caso el sistema no contemplaría excepciones.

Esto puede verse en el increíble poder de adaptación a las circunstancias que el pueblo judío demostró a lo largo de miles de años de exilio y sufrimientos. Llevando consigo la Torá y sus Mitzvot, el pueblo judío pasó por los lugares más inhóspitos y vivió las situaciones más complejas sin dejar de lado su identidad y su vínculo con Di-s a través de la Torá.

Este ejemplo debe servirnos como prueba e inspiración de que la vida según los límites de la Torá no es una vida limitada, sino todo lo contrario, es un camino directo y pavimentado hacia la realización de nuestra propia razón de ser.

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