La vida como un viaje

La sección Masei comienza con la frase "Estos son los viajes de los Hijos de Israel". Luego la Torá detalla los lugares en los cuales acamparon los judíos a lo largo de los cuarenta años de deambular por el desierto. Esto despierta inmediatamente una pregunta: si el énfasis está en los lugares en los cuales acamparon, ¿por qué la parashá comienza "Estos son los viajes de los Hijos de Israel"?La pregunta es aún más fuere de acuerdo a la conocida enseñanza del Baal Shem Tov, que los cuarenta y dos viajes del pueblo judío en el desierto, existen en la vida de cada uno, desde el nacimiento hasta el ingreso en la vida suprema. El Baal Shem Tov explica que cada uno de los lugares en los cuales acamparon los judíos en el desierto representa un nivel específico de servicio a Di-s al cual uno debe llegar. El énfasis está, entonces, en llegar a esos niveles y no el viaje hacia ellos.

La explicación de todo esto es que la Torá quiere indicarnos el camino de la vida que Di-s desea: el judío siempre debe estar en un 'viaje', en un constante movimiento de elevación. Uno debe avanzar en la vida y no ser estático.

El ser 'estático' significa que uno siempre está en el mismo lugar. Aún si uno se eleva, sus elevaciones son relativas y limitadas. 'Avanzar' (verdaderamente) significa que uno deja absolutamente su lugar y se eleva a un nivel superior sin relación con el nivel anterior en que se encontraba, infinitamente superior. Esto es lo que la Torá indica con el versículo "Estos son los viajes" - uno siempre debe estar en un movimiento de "viajes", elevación nivel tras nivel.

Está explicado en la filosofía jasídica, que los cuarenta y dos viajes por el desierto simbolizan, también, diferentes estados en el exilio del pueblo judío, cuando vive en el "desierto de los pueblos". Surge de aquí, que los acampamentos del pueblo judío en su viaje por el desierto representan el estado de descenso y exilio, cuando el pueblo judío se detiene en el exilio. A pesar de eso, también este estado es llamado "viajes", porque desde una perspectiva más profunda también el descenso forma parte del viaje y el ascenso.

El objetivo del descenso al exilio es la redención que le sigue. Es un descenso para un ascenso (ieridá letzorej aliá). Es sólo a través del descenso que viene el gran ascenso, como la superioridad de la luz que viene de la oscuridad.

De aquí puede todo judío extraer esperanza: aún cuando uno tropezó con un pecado y transgredió la Voluntad Divina, no debe darse por vencido. Uno debe lograr revelar "la superioridad de la luz que viene de la oscuridad", es decir, que precisamente desde el descenso y el pecado llegar al ascenso y el fortalecimiento en el servicio a Di-s, que en eso se expresa la importancia de la Teshuvá - el retorno a Di-s. Cuando uno hace Teshuvá revela, al final, que el descenso era el comienzo del ascenso.

Tampoco el gran descenso del exilio debe hacernos darnos por vencidos, Di-s libre y guarde. Debemos recordar que también el descenso es parte de &los viajes" que llevaron a la gran elevación de transformar "su duelo en regocijo", hasta transformar estos días tristes entre el 17 de Tamuz y el 9 de Av a "días de regocijo, alegría y fiesta" rápido en nuestros días.

Extraído de Shulján Shabat.

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