La Rebetzin Jana

Introducción

Cuando conmemoramos el cuadragésimo aniversario del fallecimiento de la Rebetzin Jana Schneerson, de bendita memoria, el 6 de Tishrei de 5725 (1964), nos da un gran placer presentar esta breve biografía preparada por Merkos L’Inyonei Chinuch Publications, que intenta capturar el legado remarcable de la Rebetzin Jana, esposa de Rabí Levi Itzjak Schneerson, de bendita memoria, y madre del Lubavitcher Rebe, Rabí Menajem Mendel Schneerson, de bendita memoria.

Nacimiento

La Rebetzin Jana nació en 1880, el 28 de Tevet en Nicolaiev, hija de Rabí Meir Shlomo y Rajel Yanovsky. Ella era la mayor de cuatro hijos: dos hermanas, Guitl y Etel, y un hermano menor, Israel Leib, que falleció en su niñez. Rabí Meir Shlomo era el Gran Rabino de Nicolaiev; los Yanovskys eran conocidos como una familia rabínica prestigiosa de estudiosos y líderes.

Los primeros años

Los Jasidím de Nicolaiev recordaban con afecto la erudición de Jana en su adolescencia. Cuando llegaba de Lubavitch un maamar (discurso jasídico), ya sea repetido por un jasid que estuvo presente durante el discurso del Rebe, o por una carta que llegaba a la casa de su padre, ella lo transcribía meticulosamente, haciéndolo disponible para los jasidím ansiosos.

Brillante y talentosa, Jana tenía un excelente oído para la música, una cualidad que compartía con su padre.

Su Casamiento

En el año 1900, a la edad de 20 años, Rebetzin Jana se casó con Rabí Levi Itzjak Schneerson. Bis-nieto de Rabí Menajem Mendel Schneerson, el “Tzemaj Tzedek” (tercer Rebe de Lubavitch), Rabí Levi Itzjak era un renombrado erudito de la Torá y un brillante cabalista. Rabí Shalom DovBer Schneerson, quinto Rebe de Lubavitch, sugirió la unión. El casamiento tuvo lugar el 13 de Siván, en Nicolaiev.

Hijos

Rebetzin Jana dio a luz a tres hijos: Menajem Mendel, DovBer e Israel Arie Leib.

Su hijo mayor, Menajem Mendel, nació el 11 de Nisán de 1902. Ese mismo día, Rabí Shalom DovBer Schneerson envió seis telegramas al padre de la criatura, Rabí Levi Itzjak, con bendiciones e instrucciones.

Antes de amamantar a su hijo, Rebetzin Jana se lavaba las manos en la forma ritual, y hacía lo mismo con el infante. Ella hizo hacer para el niño una yarmulka (cobertura para la cabeza) y tzitzit (ropa de cuatro puntas) y tuvo gran cuidado en criar a su hijo, quien eventualmente sería el séptimo Rebe de Lubavitch, en un ambiente de santidad.

Iecaterinoslav

En 1907, cuando la Rebetzin Jana tenía 27 años, Rabí Levi Itzjak fue nombrado el rabino de la ciudad ucraniana de Iecaterinoslav, conocida hoy en día como Dnepropetrovsk. Él sirvió a la comunidad por 32 años, eventualmente asumiendo la posición de Gran Rabino, hasta 1939, cuando fue arrestado por la NKVD (una precursora de la KGB) por sus actividades en pos del fortalecimiento del judaísmo en la Unión Soviética.

La comunidad judía de Iecaterinoslav incluía muchos profesionales no religiosos, quienes también tenían una gran estima por Rabí Levi Itzjak. La Rebetzin Jana, quien era fluente en varios idiomas, contribuyó al éxito y la influencia de su marido como líder comunitario.

Ella era una mujer elegante y con una gran personalidad, cuya casa era un lugar de constante actividad comunal. Ella se comunicaba especialmente bien con estudiantes universitarios judíos, sobre quienes tomó un interés especial para intentar traerlos cerca del judaísmo. Frecuentemente visitaba a las personas en sus casas, aconsejando y conversando con ellos sobre asuntos personales, académicos y espirituales.

Una celebración en Iecaterinoslav

El 14 de Kislev de 1928, el hijo mayor de la Rebetzin Jana, Rabí Menajem Mendel, se casó con Jaia Mushka, la hija del por aquel entonces Rebe de Lubavitch, Rabí Iosef Itzjak Schneerson. La boda tuvo lugar en Varsovia, Polonia. La Rebetzin Jana y su marido no pudieron asistir a la boda, porque el gobierno Soviético había restringido fuertemente los viajes fuera del país. Anhelando participar del casamiento de su hijo, la Rebetzin Jana organizó una celebración en su propia casa, mientras la boda ocurría en Varsovia.

A pesar del peligro en que incurría al organizar una reunión pública, y esperando sólo treinta invitados, ella estaba sorprendida cuando unas trescientas personas bravamente aparecieron. Mientras alguien tocaba el violín y música jasídica llenó el lugar, los judíos de Iecaterinoslav celebraron con su querido Rabino y Rebetzin.

Todos los presentes compartieron la alegría de la Rebetzin Jana, sin embargo, sintieron su anhelo de estar con su hijo mayor en su boda. A pesar de la tristeza en su corazón, Rabí Levi Itzjak danzó con los invitados movilizándolos profundamente. Las lágrimas agridulces fluyeron libremente.

Arresto y exilio

Mientras el gobierno Soviético argumentaba que permitía la libertad de culto, ideaba leyes muy complejas que hacían la observancia religiosa imposible. En 1939, luego de luchar ferozmente contra las autoridades, Rabí Levi Itzjak obtuvo la aprobación para hornear Matzá especial kosher para Pesaj. La noticia sobre la producción de Matzá de Rabí Levi Itzjak rápidamente se esparció, y judíos de toda Ucrania y Rusia Blanca compraron la Matzá con regocijo. La alegría de este logro fue cortada, sin embargo, por el repentino arresto de Rabí Levi Itzjak.

El 9 de Nisán, a las 3 de la mañana, cuatro agentes de la NKVD aparecieron en la casa de Rabí Levi Itzjak y Rebetzin Jana en la Calle Borigodna 13. Los agentes revisaron todo el lugar, inspeccionando todas las cartas y responsa del Rabino, así como muchos de sus papeles personales. No dejaron nada sin tocar.

Tres horas después, el oficial a cargo ordenó al Rabino que se vistiese y lo acompañase. Cuando Rebetzin Jana preguntó a dónde estaban llevando a su esposo, le informaron que al día siguiente al mediodía, el Cuartel General de la Policía Militar le informaría de su paradero. El próximo día vino y se fue, pero, a pesar de sus súplicas, no le fue dada ninguna información.

Sin saber dónde habían encarcelado a su marido ni cómo estaba, la Rebetzin Jana comenzó su corajosa campaña para su liberación. Ella tenía 59 años.

En un juicio falso actuado por los Soviéticos, Rabí Levi Itzjak fue hallado culpable de hacer propaganda anti-Soviética y sentenciado a cinco años de exilio en la región de Asia Central de la Unión Soviética. En Kislev de 1939, unos ocho meses luego de su arresto, la NKVD citó a la Rebetzin Jana a sus cuarteles generales donde le informaron la sentencia. Le dieron una lista de objetos que su marido había solicitado, que incluían un talit, tefilín, gartel, Jumash, Tehilím y Tania. También le informaron que se le darían unos momentos para despedirse antes de que su marido fuese enviado al exilio.

Cuando finalmente le permitieron verlo en prisión, la Rebetzin Jana estaba apenada por cuán débil y frágil estaba su marido. Temiendo que no tendría suficiente fuerza para soportar el difícil viaje, el Rabino pidió perdón a su mujer, como hace alguien cercano a morir. La pareja se despidió y la Rebetzin Jana volvió a su casa.

Semanas pasaron sin noticias del destino de su marido. Una noche, alrededor de la 1 de la mañana, una joven mujer judía que trabajaba en la oficina de correo golpeó la puerta de la Rebetzin Jana. Portaba un telegrama que decía que Rabí Levi Itzjak había sido exiliado al lejano pueblo de Jiili, en la república de Kazakhastán.

Rebetzin Jana inmediatamente decidió que, ocurra lo que ocurra, ella viajaría a aquel pueblo remoto para unirse a su esposo en el exilio. En la primavera de 1940, viajó a Moscú, y de ahí tomó un tren a Jiili, en un arduo viaje de cinco días. Se las arregló para llevar Matzá, vino y un poco de grasa para cocinar, para la cercana festividad de Pesaj. Finalmente llegó y se reunió con su esposo.

Jiili

El primer hogar de Rabí Levi Itzjak y la Rebetzin Jana en Jiili era un único cuarto en la casa de una pareja Tatar que tenía un hijo pequeño. El cuarto no tenía puerta, era húmedo, barroso y lleno de insectos. Vivían en una pobreza extrema y una gran incomodidad, sin privacidad alguna.

El 2 de Nisán, poco después del arribo de la Rebetzin Jana, Rabí Levi Itzjak se despertó sintiéndose débil. Sin embargo, en honor del día del aniversario del fallecimiento del Rabí Shalom Ber Schneerson, quería escribir algunos pensamientos jasídicos, pero no había ni papel ni tinta.

Profundamente afectada por el dolor de su marido, la Rebetzin Jana viajó a la ciudad cercana de Kazil-Orda y volvió con dos cuadernos, un poco de polvo que pudo convertir en tinta y un pequeño jarro que sirvió como tintero. Cuando esto se acabó, de alguna manera ella consiguió más tinta y papel para su marido, más allá de la falta de materiales y la pobreza. Cuando ya no hubo más tinta, la Rebetzin Jana secretamente fabricaba su propia tinta, cocinando hierbas que juntaba en los campos. El papel era tan escaso, que su marido escribía en los márgenes de los libros que ella había traído y en el poco papel que ella conseguía reunir. La posibilidad de escribir sus pensamientos de Torá, ella observaría más tarde, traía a su marido más placer que el pan que le servía luego de días de hambre.

Gradualmente, las provisiones que la Rebetzin Jana había traído se acababan. El miedo a morir de hambre acechaba. Si bien nunca lo discutían, los dolores del hambre los atormentaban. Una vez, ocurrió que no probaron un pedazo de pan por todo un mes.

Partida y vuelta

Cinco meses después de unirse a su marido, Rebetzin Jana decidió, en desesperación, retornar a su casa en Iecaterinoslav. Esto le daría la posibilidad de enviar comida regularmente y eliminaría la necesidad de obtener una porción de comida adicional en Jiili. Además, vivir en la casa aseguraría que el gobierno no la expropiaría para dársela a otra persona.

El mes de Elul, luego de arreglar que otro exiliado judío se mudase con su marido, la Rebetzin Jana partió de Jiili con el corazón partido. En camino a Iecaterinoslav, viajó a Moscú, donde entregó una petición para cambiar la sentencia de exilio. Sus incansables esfuerzos en favor de la liberación de su marido eran encontrados por la decepción y la cruel indiferencia de las autoridades. La situación no cambió.

Durante el invierno de 1941, luego de pasar cinco meses en Iecaterinoslav, la Rebetzin Jana decidió, con mucho coraje, reunirse a su marido en el exilio. Viajó nuevamente hacia Jiili, llegando dos semanas antes de Pesaj. Allí, encontró a su marido en una situación desesperante. El gobierno había cortado su porción diaria de pan, dejándolo hambriento y debilitado. La Rebetzin Jana se esforzó para mejorar la situación. A través de su remarcable ingenuidad consiguieron sobrevivir.

Refugiados

Con la Segunda Guerra Mundial devastando a Europa, muchos refugiados y gente descolocada terminaron en la región de Kazakhastán donde la Rebetzin Jana y su marido vivían.

Rabí Levi Itzjak y la Rebetzin Jana rápidamente se hicieron conocidos entre todos los refugiados judíos. Grandes grupos de hombres y mujeres, especialmente aquellas mujeres cuyos maridos habían sido tomados para la guerra, solían visitar al estimado Rabí y su mujer, buscando consejo en varios asuntos.

Con pocos recursos a su disposición, y enfrentando una constante amenaza a sus propias vidas, Rabí Levi Itzjak y la Rebetzin Jana heroicamente apoyaban a sus hermanos en necesidad, ayudando de cualquier manera, materialmente y espiritualmente.

Encuentro con la muerte

El invierno de 1942-1943 fue extremadamente frío. La Rebetzin Jana se enfermó con una alta fiebre. Temiendo que su enfermedad fuera contagiosa, no pidió la ayuda de nadie. Su condición se deterioraba día a día.

Un día, una pareja visitando a Rabí Levi Itzjak, lo observó luchando en la cocina para cocinar un pote de Kasha (trigo entero). La mujer se dio cuenta de que su ayuda era necesaria, y se quedó por varios días. Mientras ella cuidaba de la salud de la Rebetzin Jana y la curaba, Rabí Levi Itzjak rezó por su recuperación.Rápidamente recobró su salud.

Alma Ata – El fallecimiento de Rabí Levi Itzjak

En 1944, mientras la sentencia de Rabí Levi Itzjak estaba llegando a su fin, su condición física comenzó a deteriorarse. Sin ser conciente de ello, una seria enfermedad comenzó a esparcirse por todo su cuerpo, debilitándolo seriamente.

Mientras tanto, amigos en la cercana ciudad de Alma Ata resolvieron asegurarse de la liberación del Rabí. Contribuyeron con miles de rublos, dando de su propia riqueza, para adquirir los permisos adecuados para su reubicación. Después de seis semanas frustradas por demoras y obstáculos, finalmente lograron obtener los documentos para la liberación.

Inmediatamente luego de Pesaj, con su sentencia completa, Rabí Levi Itzjak y la Rebetzin Jana partieron de Jiili y arribaron en Alma Ata. En esta gran ciudad, su condición de vida mejoró levemente, y trabajaron vigorosamente para ayudar a otros en necesidad. Sin embargo, luego del verano, la salud del Rabí empeoró. Un joven amigo viajo desde Leningrado a Alma Ata junto a un conocido doctor. El doctor no dio un buen diagnóstico para el Rabí. Tampoco tenía cura para su enfermedad.

La Rebetzin Jana pasó aquellos duros días con una fuerza excepcional. A pesar de la grave situación, continuó recibiendo en su casa a toda persona deprimida o quebrada, atendiendo a sus necesidades específicas, y proveyendo de alimento cuando era necesario. Ella retuvo su dignidad y gracia durante todo el proceso – aún vistiendo guantes y un elegante sombrero cuando recibía visitas – y conversaba con el doctor de una variedad de temas, mundanos y espirituales. La Rebetzin Jana tenía un particular interés cuando la discusión se tornaba hacia la erudición y piedad de su marido.

El 20 de Av, la condición de su marido se volvió crítica. A pesar de que ya no podía hablar, continuaba murmurando palabras de Torá o Salmos. Esa noche, la Rebetzin Jana tomó un corto descanso para tener la fuerza para continuar cuidando de él; cuando despertó, encontró la casa llena de gente. Su marido había devuelto su pura alma a su Creador.

Dejando Rusia

Con la pérdida de su marido, sus hijos lejos y los refugiados de la guerra volviendo a sus hogares, la Rebetzin Jana se quedó completamente sola. Ella anhelaba reunirse con su hijo mayor. Un amigo la ayudó a obtener un pasaje en tren desde Alma Ata hacia Moscú, algo casi imposible en aquella época.

La Rebetzin Jana arribó a Moscú a finales de 1945, y vivió discretamente en un pequeño suburbio. Su situación era temible. Forzada a esconder su paradero, la Rebetzin Jana debía hallar un nuevo lugar para quedarse cada día – donde dormía una noche, no podía dormir la próxima. Así vivió por varios meses.

La Rebetzin Jana sabía que debía dejar Rusia, pero había numerosos obstáculos en el camino. Un comité de unos pocos devotos jasidím estaba envuelto en una elaborada misión para su rescate.

En el verano de 1946, la Rebetzin Jana eventualmente cruzó la frontera Ruso-Polaca, llegando a Cracovia. Luego procedió a un campamento de “Gente sin lugar” de Estados Unidos en Pokking, Alemania.

El hijo mayor de la Rebetzin Jana, Rabí Menajem Mendel, ahora viviendo en New York, envió telegramas a un número a personas influyentes para intervenir en favor de su madre para obtener los papeles y las visas necesarias para poder continuar su viaje con seguridad. La Rebetzin Jana dejó Pokking y viajó, a través de Munich y Frankfurt, hacia París, llegando allí en Adar de 1947.

Reunión en París

En cuanto ella llegó a París, Rabí Menajem Mendel se apresuró a volar desde New York ara encontrarla. Separados por veinte años, la reunión de madre e hijo luego de profundos sufrimientos y pérdidas, fue muy emocional.

Luego de Shavuot, la Rebetzin Jana y Rabí Menajem Mendel viajaron en barco desde París a New York, habiendo sido instruidos por Rabí Iosef Itzjak, el Rebe de Lubavitch, a viajar por mar y no por aire. En el puerto, fueron recibidos por un gran grupo de Jasidím y amigos.

El barco arribó a New York el 28 de Siván de 1947.

La vida en New York

El deambular y el sufrimiento de la Rebetzin Jana finalmente terminó, y comenzó una nueva era en su vida. Lentamente, las cicatrices de décadas de opresión comenzaron a ser reemplazadas por alegría y tranquilidad.

El 10 de Shvat de 1951, el hijo de la Rebetzin Jana, Rabí Menajem Mendel, asumió el liderazgo del Movimiento Jabad Lubavitch mundial. La Rebetzin Jana, quien difícilmente podía ocultar su orgullo, frecuentemente hablaba sobre las distinguidas cualidades de su hijo y sobre su grandeza, y sobre la similitud con su padre que ella veía en él. Cuando lo hacía, lágrimas de alegría podían verse en sus ojos, lágrimas que superaban todas las lágrimas de tristeza y amargura de los años anteriores.

Con dignidad y sin pretensiones, la Rebetzin Jana siempre tuvo un interés genuino por el bienestar de cada persona que conocía. Ella tenía la capacidad de relacionarse con todos, más allá de su edad o posición, y cualquiera que compartió aún unos pocos minutos de conversación con ella, la sintió como una experiencia agradable y reconfortante. Su amor por cada judío y su sincera preocupación podían sentirse en cada palabra que decía.

Cada día, sin excepción, el Rebe visitaba a su madre, preparándole generalmente una taza de té.

Finalmente, su nueva vida, y la alegría de un hijo tan ilustre, parecieron de alguna manera borrar años de miseria y sufrimiento.

Fue durante este período que la Rebetzin Jana escribió sus remarcables memorias, comenzando con las memorables palabras: “Yo no soy una escritora, ni la hija de un escritor…”. Estas memorias fueron más tarde publicadas en el libro “Una madre en Israel”.

Su fallecimiento

En Shabat, el 6 de Tishrei de 1964, la Rebetzin Jana falleció. Tenía 85 años.

El funeral ocurrió el domingo por la mañana. Aproximadamente 5000 personas, encabezados por su hijo, el Rebe, acompañaron a la Rebetzin Jana a su lugar de descanso en el cementerio de Jabad en Queens, New York. Los participantes recuerdan al Rebe llorando profusamente durante el entierro.

Para honrar su memoria, los estudiantes de la Yeshivá Central de Lubavitch, inmediatamente se dividieron los 63 tratados de la Mishná entre ellos, completando todo el estudio para Iom Kipur. El Rebe estaba muy contento con este gesto.

El Rebe se sentó en Shivá (siete días de duelo) en el departamento de la Rebetzin Jana mientras miles de personas ofrecieron sus condolencias. Durante el año de luto, el Rebe hacía un farbrenguen (reunión jasídica) cada Shabat a la tarde y, en honor a su madre, dedicaba un segmento especial para explicar el comentario de Rashi a la porción semanal de la Torá. El Rebe introdujo un enfoque único al estudio de Rashi, revolucionando el estudio de Torá. El Rebe continuó esta costumbre durante el resto de su vida.

Su legado

Cada año, el 6 de Tishrei, el Rebe hacia un farbrenguen para conmemorar el fallecimiento de su madre. El Rebe frecuentemente enfatizó que las iniciales de las tres mitzvot (preceptos divinos) confiadas a las mujeres – jalá, nidá y hadlakat ner Shabat (el precepto de tomar una porción de los panificados, el de pureza familiar y el de encendido de velas cada viernes antes de Shabat) – se corresponden con el nombre “Jana”, y alentaba a todas las mujeres y niñas a fortalecerse en su compromiso hacia la Torá y las mitzvot.

En honor a su madre, el Rebe estableció Keren Jana, un fondo que provee préstamos a largo plazo para jóvenes mujeres buscando continuar sus estudios judaicos.

Hoy en día, hay muchas instituciones educacionales que llevan el nombre Jana. Junto con las incontables mujeres que fueron llamadas Jana, sirven como un tributo adecuado para la remarcable vida y personalidad de la Rebetzin Jana. Que sea una inspiración para todos.