La Rebetzin Jaia Mushka

Introducción

Este año señala el 16º aniversario del fallecimiento de la Rebetzin Jaia Mushka, esposa del Rebe de Lubavitch, Rabi Menajem Mendel Schneerson, de bendita memoria, e hija del Sexto Rebe de Lubavitch, Rabi Iosef Itzjak Schneerson, de bendita memoria.

Su impresionante postura real, su suave sentido del humor y su gran compasión, consideración y sensibilidad, la hicieron querida por todos. Ella permanece inolvidable para todos la que la conocieron.

Traemos aquí una breve biografía, preparada por Merkos L’Inyonei Chinuch Publications.

Nacimiento

La Rebetzin Jaia Mushka (Musia) Schneerson nació en Babinovich, aldea cercana a la ciudad rusa de Lubavitch en Shabat, el 25 de Adar de 1901. Era la segunda de tres hijas del Sexto Rebe de Lubavitch, Rabi Iosef Itzjak Schneerson y su esposa, la Rebetzin Nejama Dina Schneerson.

Cuando nació, su abuelo, el Quinto Rebe de Lubavitch, Rabi Shalom Dov Ber, que se encontraba en el exterior, envió un telegrama su hijo, Rabi Iosef Itzjak, con las siguientes palabras: “…Mazal tov por el nacimiento de tu hija…si aún no recibió un nombre, debería llamarse Jaia Mushka (el nombre de la esposa del Tzemaj Tzedek [el Tercer Rebe de Lubavitch]).”

Desde sus tiernos años, la Rebetzin absorbió la pureza y la santidad que la rodeaba, tanto en la casa de su abuelo como en la de su padre.

Los primeros años

Durante la Primera Guerra Mundial, en otoño de 1915, ella y su familia se escaparon de Lubavitch y se establecieron en Rostov. En esta ciudad su abuelo, Rabi Shalom Dov Ber enfermó y Jaia Mushka, por entonces con 19 años, lo cuidó con todo cariño, pasando las noches a su lado. Antes de su fallecimiento, en 1920, Rabi Shalom Dov Ber la bendijo y le dejó, en su testamento, varias obras jasídicas clásicas.

En el comienzo de los años veinte, la guerra comunista contra el alma judaica se intensificó y comenzó la lucha heroica de su padre. Durante las oscuras noches soviéticas, Rabi Iosef Itzjak Schneerson tuvo a su hija Jaia Mushka de su lado.

Por el aprecio a su sabiduría y fuerza, su padre la involucró en su trabajo. Pedía a la joven Jaia Mushka que transporte secretamente alimentos y diversas cosas a una ieshivá (escuela religiosa) subterránea en Rostov, sabiendo que podía confiar en su discernimiento.

La vida en Rostov se tornaba cada día más peligrosa para los judíos, y en la primavera de 1924 su familia se mudó a Leningrado, donde Jaia Mushka continuó su desempeño.

En un documento recientemente descubierto, fechado el 4 de Diciembre de 1924, su padre escribió: “Autorizo por medio de esta carta a la ciudadana Jaia Musia Iosepuvna (hija de Iosef) Schneerson, residente en la calle Majovaia, 12/22, departamento 10, a recibir valores en mi nombre o documentos a mí dirigidos, de todos los tipos, de bancos del gobierno, de todas las agencias y oficinas, de otros bancos, gobiernos o comunidades, o de otras organizaciones privadas y personas o por telégrafo”.

La Rebetzin Jaia Mushka tenía 23 años en aquella época.

La cruel persecución era incansable y, en 1927, un célebre oficial de la policía comunista fue a detener a su padre en su casa de Leningrado. Manteniendo su serenidad, ella consiguió, de manera inteligente, avisar al Rebe (su futuro marido) que se encontraba en la calle, diciendo: “¡Schneerson, tenemos visitas!”. Comprendiendo el mensaje, el Rebe logró, rápidamente avisar a otras personas y tomar las precauciones necesarias, y comenzar una campaña internacional para su liberación.

Después de su prisión en Leningrado, su padre fue exiliado a Castroma y, a pedido de él, la Rebetzin Jaia Mushka se unió a su padre en el viaje. El 12 de Tamuz, fue la portadora de buenas noticias, cuando contó a su familia, en Leningrado, sobre la liberación del padre.

En el otoño de 1927, un día después de la festividad de Simjat Torá, la familia Schneerson salió de la Unión Soviética y se mudó a Riga, en Letonia.

Su Casamiento

Antes de salir de Rusia, ella se puso de novia con el Rebe, Rabi Menajem Mendel Schneerson.

Por varios motivos, el casamiento fue atrasado hasta 1928 cuando, el 14 de Kislev, se celebró en la ciudad de Varsovia, en Polonia.

En la víspera del casamiento, millares de judíos se encontraban en la estación ferroviaria para recibir a su padre y su familia. Durante el día, una multitud de jasidím, venidos de Polonia, Lituania y Rusia, llegaron a la capital.

A las veinte horas, en presencia de los estudiantes de la Ieshivá Tomjei Tmimim, su padre celebró la “comida del novio”. En medio de la cena, recitó un “maamar” (discurso jasídico). Llegó la media noche y la cena continuaba. Su padre expresó su deseo de alegrarse junto a los estudiantes de la Ieshivá, y juntos formaron un círculo, donde él bailó en el centro durante algún tiempo.

Al día siguiente, el 14 de Kislev, a las cinco de la tarde, comenzó la ceremonia de casamiento. Porteros fueron puestos en la entrada de la Ieshivá, de tal forma que sólo personas con entrada oficial pudieran pasar. Millares de personas cercaron el edificio, porque no había suficiente lugar.

A Centenas de kilómetros de allí, en la ciudad de Dnepropetrovsk (Iekatrinoslav) en Rusia, el mismo casamiento estaba siendo celebrado. Los padres del Rebe, Rabi Levi Itzjak Schneerson y la Rebetzin Jana que, infelizmente, no pudieron estar presentes en Varsovia, organizaron una cena festiva y un farbrenguen (reunión jasídica) en su propia casa, a la cual asistieron centenas de judíos de la localidad.

Un 14 de Kislev, veinticinco años después, el Rebe dijo a sus jasidím: “Ese día me ató a ustedes, y a ustedes a mí…”.

Los años de guerra

Luego del casamiento, la joven pareja vivió en Berlín hasta 1933. Cuando el régimen nazi tomó el poder en la primavera de 1933, se fugaron a París. La Rebetzin hizo cursos en la Universidad mientras también ayudaba a su marido con sus estudios.

En 1939, Alemania comenzó la Segunda Guerra Mundial con un ataque relámpago a Polonia. El padre de Jaia Mushka, ayudado por una intervención internacional liderada por los estadounidenses, consiguió salir de Europa en el inicio de 1940, mientras Alemania estaba oficialmente en paz con los Estados Unidos. Rabi Iosef Itzjak y algunos miembros de su familia milagrosamente llegaron a los Estados Unidos en el último barco que cruzó el Atlántico antes del inicio del bloqueo naval. Ya en la ciudad de New York, su padre emprendió los esfuerzos para rescatar al resto de la familia del cataclismo que se anunciaba en Europa.

En Mayo de 1940, Francia fue invadida por las fueras alemanas y se rindió en cuatro semanas. Un régimen francés, liderado por el mariscal Philippe Pétain y por Pierre Laval se estableció en Vichy, y el Rebe y la Rebetzin, como la mayoría de los judíos, escaparon a Nice, en el sur de Francia, optando vivir sobre el gobierno de Pétain en lugar de estar bajo la ocupación nazi en Paris y alrededores.

En medio de la fuga hubo un intenso bombardeo. Mientras las personas corrían en todas direcciones, la Rebetzin percibió una bomba cerca de un hombre que estaba cerca de ella. Rápidamente lo empujó al piso; la Rebetzin le salvó la vida. Al contar la historia, ella dijo: “De hecho, le salve la vida, pero por empujar a un judío uno debe hacer Teshuvá (arrepentirse)”.

América – Escapando de la carnicería nazi

En 1941, el Rebe y la Rebetzin se embarcaron en el navío Serpa Pinto (de Marsella, Francia, vía Lisboa, Portugal) hacia los Estados Unidos.

El 28 de Sivan arribaron seguros en los Estados Unidos y fijaron su residencia en New York, donde su padre se encontraba desde 1940.

En efecto, la propia Jaia Mushka escapó de las garras nazis, pero no de la pesadilla de Europa. Su hermana mayor, Sheina, y su marido, Rabi Menajem Mendel Horenstein, aún se encontraban retenidos en Polonia cuando los Estados Unidos declararon la guerra a Japón en Diciembre de 1941. Perdieron contacto. Sólo después de la guerra ella y su familia supieron que los Horenstein habían fallecido en las cámaras de gas de Treblinka.

La esposa del Rebe

Es un hecho conocido que en 1950, tras el fallecimiento de su padre, Rabi Iosef Itzjak Schneerson, el liderazgo del Movimiento Jabad Lubavitch mundial pasó a las manos de su marido, Rabi Menajem Mendel Schneerson.

Menos conocido es el hecho de que, a pesar de la inicial negativa inflexible del Rebe en aceptar el mando, fue su esposa, la Rebetzin, quien, a pesar del gran sacrificio personal que ello implicaría, finalmente lo convenció de aceptar el cargo, con todas sus dificultades publicas y personales. Ella fue firme: es simplemente impensable que los treinta años de auto sacrificio y realizaciones de mi padre, Di-s no lo permita, se pierdan…

Una mujer erudita y sabia, Rebetzin Jaia Mushka, cargó el manto de su respetada y exaltada posición de la manera más humilde y desinteresada. Durante toda su vida cumplió el ideal del salmista: “Toda la gloria de la hija del rey está en su interior”. Ya fuese llamando a la oficina del Rebe en “770” o llamando a una niña enferma en su dormitorio de la escuela, ella siempre se refería a sí misma como: “Sra. Schneerson, de President Street”.

Gentil y cortés con todos, la Rebetzin veía su papel como el de una persona totalmente devotada al trabajo de su marido. Aún cuando daba consejos a aquellos que buscaban la orientación de su marido por intermedio de ella, la Rebetzin repetía las palabras de su marido con precisión, asegurándose que fueran entendidas exactamente de acuerdo a la intención del Rebe.

Su nombre

Jaia significa vida; Mushka, una hierba aromática.

Sobre el significado de dar el nombre de la Rebetzin a una niña, el Rebe dijo: “…Podemos demostrar que ‘los hijos de ella están vivos’ al extraer una lección de su conducta y conducirnos en su espíritu en forma de auto sacrificio.”

“Esto es más verdadero aún cuando se da su nombre a una niña y la entrenamos para seguir su ejemplo. Al final, este es el aspecto más básico del concepto de que ‘sus hijos están vivos, entonces también ella está viva’…”

La Rebetzin no tuvo hijos propios; sin embargo, cuando un niño la visitó en su casa, le preguntó: “¿Dónde están tus hijos?”, ella respondió que los jasidím eran sus hijos. En retribución, hoy, miles de niñas llevan su nombre.

Su vedadera grandeza

El extraordinario respeto que el Rebe concedía a la Rebetzin da una idea de su verdadera posición. A Pesar de que la Rebetzin rechazaba todo tipo de reconocimiento público, el Rebe se refería frecuentemente a ella con reverencia.

Cierta vez, la Organización Femenina de Lubavitch le envió un buqué de flores, junto con una lista de personas que pedían bendiciones. Colocando las flores junto a la Rebetzin, el secretario acercó la carta con los nombres al Rebe que, notando el enderezamiento de la Rebetzin, le pidió al secretario que dé la carta a la Rebetzin, diciendo: “Ella también es capaz de bendecir”.

Una vez, el Rebe comentó con una amiga de la Rebetzin: “Usted tiene un abogado óptimo a su lado”.

Esto fue evidente durante un período difícil en la historia reciente de Lubavitch, en un proceso legal por establecer la propiedad de los libros de la biblioteca dl Rebe anterior. Cuando el abogado fiscal preguntó a la Rebetzin: “¿A quién le pertenecen los libros?”, ella respondió: “Mi propio padre, y todo lo que él poseía, incluyendo sus libros, le pertenecen a los jasidím”.

Estas palabras, dichas con tanta sinceridad y convicción, con todo el significado que tuvo en su propia vida, causó una profunda impresión sobre el juez, lo que ayudó a una decisión favorable para Agudat Jasidei Jabad.

Su fallecimiento

La Rebetzin falleció un Miércoles, 22 de Shvat, de 1988, luego de un breve período de enfermedad. Fue enterrada pocas horas después en el cementerio de Jabad, en Queens, New York.

Poco antes de su fallecimiento, la Rebetzin Jaia Mushka pidió un vaso con agua. Luego de recitar la bendición: “…por Cuya palabra todo pasó a existir”, devolvió su alma al Creador.

En un adiós a una verdadera reina, el cortejo fúnebre fue seguido por quince mil personas.

Ella fue enterrada junto a su abuela, la Rebetzin Shterna Sara, y cerca de su padre, Rabi Iosef Itzjak.

El Rebe resaltó que Rabi Iosef Itzjak falleció en Shvat, así como su abuela, la Rebetzin Rivka, su madre, la Rebetzin Shterna Sara y su hija, la Rebetzin Jaia Mushka.

Su legado

En la tarde del funeral, el Rebe llamó a su secretario, Rabino Iehuda Krinsky, y, entre otras cosas, lo instruyó para que tan pronto como fuese posible, creara un fondo de Tzedaká (caridad) en nombre de la Rebetzin, de bendita memoria.

Antes del final del Shiva (período de luto de siete días), “Keren HaJamesh” fue creado (las iniciales de los nombres HaRabanit Jaia Mushka Schneerson) en la Sede Mundial de Lubavitch, que aún ayuda a varias causas beneficiarias, especialmente para fines sociales y educacionales para mujeres.

En los años siguientes, el Rebe distribuyó significativas sumas de este fondo, tanto a instituciones femeninas como individualmente, para mujeres de todo el mundo que necesitaban ayuda.

El Domingo 24 de Adar de 1988, fue colocada la piedra fundamental del “Campus Jamesh”, en memoria de la Rebetzin. Cerca de la finalización del evento, el propio Rebe llegó repentinamente.

Desde la ventana de su auto, el Rebe entregó al Rabino Avraham Shemtov 470 dólares (equivalente numérico de Jaia Mushka), diciendo: “Estoy en camino al Ohel (tumba del Rebe anterior) y la voy a visitar [a la Rebetzin] también. Hoy es su aniversario y esta [suma] es mi participación y la de ella en este nuevo edificio”.

Hoy en día, Campus Jamesh es una de las mayores escuelas judías para niñas en el mundo.

En los años siguientes a su fallecimiento, centenas de instituciones de Jabad Lubavitch alrededor del mundo fueron creadas en su memoria, muchas mikvaot (baños rituales) llevan su nombre y diversas publicaciones y periódicos son dedicados a su memoria.

El Lunes 25 de Adar de 1988, fecha del aniversario de la Rebetzin, el Rebe habló sobre el significado de un aniversario en la vida judaica, y lanzó una campaña mundial de aniversario. Esta campaña popularizó las costumbres del día de aniversario, como aumentar en el estudio de Torá, el rezo y donar Tzedaká. La campaña también alentó a todos (aún a niños) a promover una reunión festiva con familiares y amigos.