Consejos matrimoniales

La conversación

Una pareja fue a escuchar el consejo de un gran rabino.

La mujer se quejaba de que el marido no le prestaba atención cuando ella hablaba. El rabino le preguntó por qué pensaba eso, y ella respondió que cuando hablaba, su marido se ocupaba de otros asuntos y, por más que insistiese para que le preste atención, el siempre decía "Estoy escuchando, podés seguir hablando".

El rabino averiguó y encontró que el marido era taxista. El conversaba todo el día con sus pasajeros sin mirarlos, ya que debía concentrarse en el camino. Por eso no consideraba algo malo conversar con su esposa mientras hacía otra cosa.

Luego de una charla con el rabino, el marido entendió la diferencia entre las conversaciones que mantenía con sus pasajeros y las que debía mantener con su mujer.

Es necesario crear un ambiente que proporcione las condiciones ideales para el diálogo. La conversación fluye mucho mejor cuando podemos encarar a nuestro interlocutor.

El matrimonio

Si bien el primer precepto que Di-s le da al hombre es "multiplicadse y sed fructíferos" - tener hijos - el objetivo del matrimonio no termina con el nacimiento de un hijo.

Este evento debe ser tomado de tal manera que constituya una familia en la cual los hijos puedan ser criados y educados como personas capaces de cumplir su propio destino espiritual y humano.

La mayor parte de lo que una persona es, es aquello que sus padres hicieron de ella. Cuando los padres son exitosos, pueden criar personas mejores que ellos mismos. Es por esto que el propósito de una familia no es solamente satisfacer las necesidades básicas de amor, reproducción y formación de los hijos, sino también el desarrollo de un individuo y, en mayor escala, el desarrollo de toda la humanidad hasta lograr su mayor potencial.

El matrimonio es una fuerza misteriosa que llama al hombre y a la mujer a unirse en sociedad para construir un hogar donde Di-s pueda sentirse bienvenido.

El enfoque

En general, aquello que lleva a las personas a unirse son sus necesidades. Cada uno busca en el prójimo aquello que le falta. Sin embargo, ese no es el nivel más elevado de relación humana, y menos cuando se trata de un matrimonio.

El Cantar de los Cantares dice: "Yo soy para mi querido, y mi querido es para mí" Una de las formas de entender esta frase es que la preocupación suprema del cónyuge debe ser suplir las necesidades del otro.

Una relación sana consiste en tomar en cuenta y respetar la posición del otro; un paso más es poner las necesidades del otro en primer lugar y luego las propias.

El llevar esto a la práctica requiere de un constante ejercicio de concientización de la importancia del otro, del respeto y el amor hacia el otro, de su situación particular, sus capacidades, virtudes y fallas. Sin embargo, el primer paso es aprender a enfocarse en el otro, y no tanto en uno.

 

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