Concepción

La primer parashá - sección de esta semana se llama Tazría (la segunda Metzorá). El versículo lee "La mujer, cuando conciba y de a luz a un varón". La Torá da una serie de leyes sobre la impureza y la pureza relacionada con un nacimiento, además de indicar que la circuncisión debe ser realizada en el octavo día, aún si fuere Shabat.

Nuestros sabios explican que hay 613 preceptos. 248 preceptos positivos, que consisten en hacer algo, y 365 prohibitivos, que consisten en abstenerse de hacer una determinada cosa. Estos preceptos, a su vez, tienen una relación directa con el cuerpo del hombre, donde, según la tradición, hay 248 miembros y 365 nervios o venas (guidím en hebreo).

De esta correspondencia entre el número de Mitzvot y el cuerpo del hombre nuestros sabios explican que el refinamiento y la completitud del hombre depende de observar estos preceptos. Cada uno trae una perfección al cuerpo y, en consecuencia, permite que el alma se exprese de la mejor forma.

Sin embargo, la mayoría de los preceptos no pueden cumplirse hoy en día por diferentes razones, como ser que no tenemos un Templo, no tenemos un Rey o, simplemente, porque un hombre no es una mujer. Es decir, el precepto de la impureza de una mujer que dio a luz, naturalmente sólo lo puede cumplir una mujer que haya dado a luz. Entonces, ¿cómo puede un hombre llegar a cumplir los 613 preceptos si algunos sólo se relacionan con las mujeres (y viceversa)?

Para entender esto debemos saber que hay dos caras de cada precepto: 1) la cara relacionada con el mundo físico en el cual vivimos sobre lo cual la Torá manda a hacer o no hacer tal o cual cosa y 2) la cara espiritual del precepto.

Al respecto del primer punto, es lógico que lo material está supeditado al espacio y el tiempo, limitaciones naturales con las cuales vivimos y, por lo tanto, sólo dadas las circunstancias adecuadas, entra en vigencia la observancia de un precepto. (Y por eso muchas Mitzvot no podemos cumplirlas, como explicado).

Pero al respecto del segundo punto, el espiritual, se encuentra en vigencia independientemente del tiempo y el espacio, al punto tal que nuestros sabios dicen que quien estudia las leyes de un sacrificio es como si lo hubiera ofrendado sobre el altar en el Templo, más allá de que lo haya hecho fuera del lugar del Templo y fuera del horario adecuado para la ofrenda. El aspecto espiritual es eterno.

Lo mismo ocurre con el comienzo de nuestra sección, Tazría, ¿de qué se trata, espiritualmente hablando?

La mujer simboliza el pueblo judío, como aparece en numerosas profecías y frases de nuestros sabios. La concepción simboliza el despertar de la persona en su relación con Di-s, y el nacimiento de un varón simboliza la reciprocidad Divina tras el despertar del hombre hacia El.

En otras palabras y con mayor detalle: es sabido que una persona aprecia mucho más aquello que ganó por sus propios medios que aquello que le regalaron y obtuvo sin esfuerzo alguno. En base a esto, cuando una persona, de un momento a otro, siente un acercamiento a Di-s, que puede expresarse en un pensamiento sobre Di-s, o en ver o escuchar algo que le llama la atención y lo eleva de su rutina mundana, o simplemente porque siente que Di-s lo está llamando de diferentes maneras, el efecto de ese llamado, generalmente, pasa en corto tiempo. Pero cuando la persona, por su propia iniciativa busca a Di-s y Lo llama desde lo más profundo de su corazón (y para llegar hasta ahí se requiere de meditación, tiempo, ejercicio mental, voluntad y perseverancia), la respuesta Divina es tal que continúa en la mente y el corazón de la persona por un período de tiempo mucho mayor.

Esto es lo que la Torá nos está enseñando al comienzo de esta parashá: cuando una persona busque a Di-s (cuando una mujer conciba), encontrará una respuesta que se mantendrá en el tiempo y tendrá una fuerza muy poderosa (y de a luz un varón).

Tan envolvente y fuerte es la respuesta de Di-s que hará que la persona se eleve espiritualmente y sea capaz de, no solamente llegar a su completitud personal sino que además pueda transmitir la luz de la Torá y el judaísmo en general a su alrededor, en su familia, en su trabajo y en toda la comunidad.

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