Cambiar de nombre

El objetivo de este artículo es explicar el concepto del cambio de nombre en el judaísmo. En primer lugar, es importante saber que el cambio de nombre no es la forma de resolver los problemas y dificultades que una persona pueda tener.

Por otro lado, el concepto de que el cambio de nombre influye sobre la vida de la persona es un concepto judío que aparece en nuestras fuentes. Ya desde el comienzo del relato de la Torá, cuando el primer hombre puso nombres a cada criatura (Bereshit 2:20)

(La idea, como explicado en el pensamiento jasídico no es que el primer hombre colocó nombres arbitrarios a cada criatura, o sea, al gato lo llamó gato y al perro lo llamó perro, sino que el nombre de una criatura es el canal de energía a través del cual Dios crea y sostiene cada cosa en el universo entero. Entonces, el primer hombre reveló del interior de cada criatura las letras del alfabeto hebreo que son el canal de creación y vida de cada cosa. El primer hombre era capaz de ver el nombre de cada criatura...)

y pasando por Avraham nuestro patriarca, que originalmente se llamaba Avram y Dios le cambia el nombre para que tenga hijos (y a Sara, nuestra matriarca, de la misma manera: originalmente se llama Sarai y no tenía hijos y pasó a llamarse Sara). Ver comentario de Rashi en Bereshit 15:5.

El Talmud en Rosh Hashaná 16b explica que el cambio de nombre es una de las cosas que quiebran los decretos negativos contra la persona. Hay quienes explican que eso se debe a que el cambio de nombre expresa la voluntad de la persona de cambiar su comportamiento etc. (ver Leyes de Teshuvá, cap. 2, ley 4).

Por otro lado el Rashba (Shut HaRashba 5:48) opina que el cambio de nombre, sin importar el comportamiento de la persona, genera un cambio en la energía vital de la persona. De la misma manera en el Zohar (1, 15-16) aparece la idea de que el cambio de nombre genera cambios en la vida concreta de la persona.

En la práctica, en el Shulján Aruj (Código de ley judía) el concepto de cambio de nombre figura específicamente como herramienta en la ayuda de personas enfermas (Iore Dea 335:10, nota del Rama).

Como conclusión, si la persona desea realmente cambiar de nombre, puede hacerlo y, por supuesto, no debería esperar que eso resuelva los problemas de su vida sino que debería trabajar para mejorar.

De cualquier manera, es importante saber que lo que fija el nombre de una persona es cómo esa persona es llamada por los demás (amistades, familiares etc.). Más allá de cómo esa persona se identifique a sí misma o se llame cuando se le coloca el nombre en la lectura de Torá. Si una persona se cambia el nombre pero ese nombre no lo usa nadie, no logró nada con su cambio de nombre.

Al respecto de Bnei Noaj, muchos preguntan si colocarse un nombre en hebreo. En base a lo explicado, no hay ninguna razón legal por la cual deban cambiarse o agregarse un nombre hebreo. No es parte de la identidad noájida ni mejora el vínculo con el Todopoderoso. En el Talmud mismo aparecen decenas de nombres de no judíos y en ningún lado vemos que se les proponga cambiar su nombre por uno hebreo. Esto no quiere decir que está prohibido que cambien su nombre, sino solamente que no es una prohibición.

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