Beit Jabad La Plata

En esta edición

N. 339

1. Editorial - Mal olor...


2. Vida Judía - Mezuzá


3. Mensaje del Rebe - Maldito y bendito


4. Torá semanal - Ki Tisá


1

 

Editorial - Mal olor...

La sección de esta semana se llama Ki Tisá, cuando cuentes (esto se refiere a que cuando se quiera contar la cantidad de personas del pueblo judío, se debe hacer a través de otra cosa, en este caso, medio shekel. Hoy en día se utiliza un versículo u otro sistema, pero no deben contarse directamente).

Entre los temas que aparecen en esta parashá, está el Ketoret, en incienso que debía ofrendarse todos los días en el Templo. Nuestros sabios explican que el incienso estaba compuesto de once especias diferentes (ver Rashi en el versículo Shmot 30:34 y Baal haTurim en el versículo 30:37).

Dentro de esas once especias, se encontraba el Gálbano (jélbena, en hebreo) cuyo aroma era desagradable. Obviamente, cuando se refiere a desagradable, se refiere al hombre, ya que, frente a Di-s no hay aromas agradables o desagradables, excepto cuando El mismo define algo como agradable para El, como el aroma de los sacrificios quemados en el altar. De hecho, nuestros sabios se detienen en la idea de que cuando una paloma se quemaba sobre el altar, incluyendo sus plumas, producía un aroma extremadamente desagradable para el ser humano, sin embargo, el hecho de que Di-s lo llame un aroma agradable viene a enseñarnos que Di-s aprecia la ofrenda de una persona rica (que en general era una vaca o una cabra) tanto como la ofrenda de alguien pobre (una paloma).

Volviendo al incienso, el Gálbano viene a enseñarnos otra idea más (a pesar de su aroma feo): debemos incluir en nuestros ayunos y rezos a los pecadores del pueblo judío. Esta misma idea se expresa en la palabra hebrea para congregación: Tzibur. Esta palabra se compone, principalmente de tres letras: una tzadik, que simboliza a los justos (tzadikim), una bet, que simboliza a los intermedios (beinonim) y una reish, que simboliza a los malvados (reshaím). Es decir, una congregación se forma con los tres tipos de personas.

El judaísmo plantea que Di-s no decreta sobre la persona ser justo o malvado. No hay destino ni predeterminación. Sí existe una inclinación natural de cada persona a ser de una u otra manera, generalmente dictada por la influencia del signo astral en que la persona nació, pero esa influencia no es determinante, puede ser superada. Sin embargo, de acuerdo a esta idea (de inclusión de los malvados junto al resto de la congregación) surge un problema: Di-s estaría forzando que un grupo de personas dentro de la congregación sean malvados, de manera tal que si no, no tendríamos un incienso completo o no tendríamos una congregación completa...

Hay varias formas de pensar este interrogante, en diferentes niveles:

1. Di-s no decreta sobre individuos que tengan tal o cual comportamiento. Cada persona tiene libre albedrío para elegir el camino que quiera. El hecho de que Di-s haya dicho que va a haber malvados no es una justificación para hacer el mal ni fuerza al malvado a actuar con maldad. Nadie puede justificarse diciendo que completa el incienso o la congregación con sus malas acciones.

2. Siempre van a existir diferentes niveles de personas y, aún si todas actúan, hablan y piensan en forma correcta de acuerdo a las leyes de la Torá, siempre existirán diferencias, de manera que podamos decir que una es más elevada que la otra. Entonces, frente al justo supremo, el justo "inferior" se llamaría malvado (pero frente a un verdadero malvado el justo inferior es un justo supremo).

Sea como fuere, en un mundo donde, lamentablemente, hay judíos que no conocen sus propias raíces y tradiciones, la parashá de esta semana nos enseña en forma muy directa que debemos acercarlos a la Torá, como solía hacer Aharon (otro gran protagonista de la lectura de esta semana) según las palabras de nuestros sabios (Pirkei Avot 1:12) "ama la paz, persigue la paz ama a las criaturas y los acerca a la Torá".

Bendiciones y éxitos,
Rabino Tuvia Serber

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2

 

Vida Judía - Mezuzá

La Mezuzá en sí es un pergamino que contiene unos pasajes de la Torá conocidos como Shemá Israel (Escucha Israel, Di-s es nuestro Señor, Di-s es Uno). Esas palabras resumen el mandato al judío de imbuir el mundo con la unicidad de Di-s. La colocamos en las puertas para que Su unicidad nos rodee y proteja.

El pergamino debe ser escrito sobre cuero por un escriba experto, con una pluma y tinta especiales. Es importante comprar de fuentes confiables, ya que el mercado está lleno de Mezuzot impresas o mal escritas. Se acostumbra a colocar el pergamino dentro de una protección.

Se coloca en todas las puertas de la casa, excepto los baños y los espacios de menos de 2 metros por 2 metros, inclusive en pasillos y vestidores. Del lado derecho mirando desde la persona que entra al cuarto donde va la Mezuzá. Si es la puerta de una casa, se coloca a la derecha de quien ingresa a la casa, aún si la puerta se abre hacia afuera. Cuando no hay puerta (como un pasillo), se analiza la importancia de los cuartos, colocando la Mezuzá a la derecha de quien ingresa desde el cuarto de menor importancia hacia el cuarto de mayor importancia.

Primero se recita la bendición apropiada y luego se coloca la Mezuzá en la parte inferior del tercio superior de la puerta, inclinada desde afuera hacia adentro. Se acostumbra a tocar la Mezuzá cuando se pasa por la abertura donde está colocada.

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3

 

Mensaje del Rebe - Maldito y bendito

Hay un lugar, el "Portal número cincuenta" se lo llama, tan elevado que ahí todas las cosas son igualmente insignificantes. No hay bien, ni mal, nada puede sumarse ni restarse, los justos son polvo y los malvados son polvo, nada es importante, todo es polvo.

Borracho con la alegría de Purim, el judío viaja más y más alto hasta llegar a ese lugar. Y desde ahí proclama que el oprimido fue salvado; el malvado derrotado; y luz y alegría, felicidad y paz gobiernan el universo.

"Al respecto de este lugar", declara, "no estoy impresionado. ¡También fue creado para que tengamos alegría abajo!".

Su secreto expuesto, el portal número cincuenta mismo es redimido.

Adaptado de las obras de Rabí Menajem Mendel de Lubavitch (1902-1994)

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