Número: 269

  1. Editorial - Un estilo de vida
  2. Vida Judía - Tzitzit
  3. Mensaje del Rebe - Con el cuerpo
  4. Torá semanal - Vaierá

Editorial - Un estilo de vida

En la sección de esta semana, llamada Vaierá (y se mostró), se relata sobre la ofrenda de Itzjak. Di-s le pide a Avraham que sacrifique a su hijo único de su esposa Sara que tuvo a los 100 años (y a los 90 de Sara). Avraham no lo duda y comienza temprano a la mañana el camino hacia donde debería hacer el sacrificio.

Mucho hay escrito sobre este relato famoso de la Torá, hasta tiene nombre propio: Akeidat Itzjak, el Atado de Itzjak (en referencia a que fue atado de pies y manos para ser degollado). De entre todos los asuntos a aprender de la historia, se encuentra el siguiente.

A lo largo de su vida Avraham pasó por varias situaciones donde tuvo que probar su entrega a Di-s. En algunas hasta su propia vida estuvo en peligro, como cuando el rey Nimrod lo tiró a un horno ardiente y, luego de tres días, salió ileso. Otros casos significaban la pérdida de Sara, con la consecuente destrucción de su familia y futura descendencia, cuando Sara fue llevada frente a Paró, el rey de Egipto y, después, frente a Avimélej, el rey de Grar. En todas estas situaciones, Avraham sacrificó su vida por el bien de la difusión de su creencia monoteísta.

Sin embargo, en la ofrenda de su hijo único se presentó una circunstancia que hasta el momento no había ocurrido (y por eso, cuando Avraham pasa la prueba, Di-s le dice "Ahora se que eres temeroso de Di-s", ¿acaso antes, después de otras nueve pruebas difíciles superadas, no lo sabía?): en todas las pruebas anteriores había habido testigos. Es decir, siempre hubo alguien que observó la fuerza de las convicciones de Avraham y aprendió de ello algo. Aún cuando es tirado en el horno ardiente, en cuyo caso él mismo hubiera muerto, valía la pena el sacrificio en aras del beneficio de los que observaban, que vean cómo una persona entregaba su vida por el monoteísmo.

Por el otro lado, en la prueba de la ofrenda de Itzjak, no había nadie observando. Aún los jóvenes que acompañaron a Avraham hasta el lugar donde Di-s lo mandó, no presenciaron el sacrificio mismo, sino que se quedaron a una distancia desde donde no podía ver...

Esto nos enseña que el sacrificio por las convicciones verdaderas no es solamente cuando hay quien vea y pueda alabarlo, de manera de obtener un beneficio propio, sino que el sacrificio es un estilo de vida que abarca todos los aspectos del hombre. Cuando uno come, cuando habla, cuando realiza sus funciones más básicas, puede hacerlo en forma de sacrificio o no, principalmente sabiendo que la vida no es para impresionar a los demás con los logros propios, sino para hacer del mundo una morada para Di-s, y aún si uno estuviese sólo sin nadie que pueda atestiguar sobre sus buenas acciones y comportamiento.

Bendiciones y éxitos,
Rabino Tuvia Serber

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Vida Judía - Tzitzit

La Torá dice (Bamidbar 15:37-40) "Harán flecos en las puntas de sus vestimentas...". Estos flecos, llamados Tzitzit, son hilados y anudados para hacernos recordar los preceptos. El valor numérico de las letras de la palabra hebrea Tzitzit es 600. Sumando los 8 flecos y los cinco nudos de cada Tzitzit, suman un total de 613. Por eso la costumbre es vestir los Tzitzit fuera de la ropa, a la vista. Tener un recuerdo tangible de los 613 preceptos fortalece nuestro dominio sobre las tentaciones del corazón.

Solamente ropas de cuatro (o más) puntas requieren Tzitzit y, dado que pocas ropas hoy en día (excepto los ponchos) tienen cuatro puntas, vestimos una ropa especial llamada talit katan con el objetivo de cumplir este precepto. Durante las plegarias matutinas se viste una versión grande de la misma ropa, el talit gadol.

Técnicamente hablando, los Tzitzit se aplican durante el día, pero, de acuerdo a la Cabalá, se deben vestir aún cuando uno duerme a la noche.

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Mensaje del Rebe - Con el cuerpo

Ayunar y mortificar el cuerpo no es un camino para nuestra generación. No solamente porque la mayoría de nosotros somos demasiado frágiles para debilitar más nuestro cuerpo. No solamente porque tu debilidad por el hambre puede interferir con tu capacidad para hacer el bien en el mundo.

Sino que, principalmente, porque ahora ha llegado el tiempo de llevar una vida espiritual con el cuerpo y no contra él.

Adaptado de las obras de Rabí Menajem Mendel de Lubavitch (1902-1994)

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