Número: 305

  1. Editorial - La esencia de las Mitzvot
  2. Vida Judía - La seguridad primero
  3. Mensaje del Rebe - Veneno de la serpiente
  4. Torá semanal - Jukat

Editorial - La esencia de las Mitzvot

La sección de esta semana se llama Jukat, regla. Este nombre se deriva del primer asunto mencionado, las leyes de la Vaca Roja (pará adumá). El tema en sí es la impureza ritual generada por estar en contacto con un muerto o estar en el mismo cuarto que un muerto. Esta impureza impedía a la persona entrar al Templo y/o formar parte de ciertos rituales (como comer del sacrificio de Pesaj). A través del quemado de una vaca totalmente roja y el salpicado de sus cenizas mezcladas con agua (junto a otros detalles explicados en la Torá), la persona quedaba ritualmente pura.

La Torá llama a este precepto una Juká, es decir, una regla irracional. Existen en la Torá tres tipos de preceptos (Mitzvot): Mishpatím, Edot y Jukím. En resumen, la diferencia entre ellos es que los Mishpatím son preceptos racionales que, aún si Di-s no los hubiese dicho en la Torá, los hubiésemos hecho igual, como no robar y respetar a padre y madre. Edot son preceptos testimoniales, de recuerdo de eventos, que, una vez que Di-s los mandó a cumplir, tienen también un lugar en el intelecto, es decir, tiene sentido, por ejemplo, festejar la salida de Egipto (Pesaj), o celebrar el Shabat en recuerdo de la Creación. Por el otro lado, Jukím son preceptos que no tienen sentido. Aún después de que Di-s lo haya mandado, continúan siendo preceptos irracionales.

Por ejemplo, el concepto mismo de pureza e impureza es un decreto Divino, es decir, no tiene una explicación racional. Es un precepto del tipo Jukím. Aún así, la Torá llama a este precepto "La regla (Juká) de la Torá" (Bamidbar 19:2). Esto significa que es específicamente este precepto que representa el concepto de reglas (Jukím) en la Torá entera. Las reglas de la Torá la persona las cumple simplemente porque Di-s mandó, ya que no tiene consigo una razón de ser comprensible al intelecto humano.

Más aún, la esencia misma de una Mitzvá es la Voluntad Divina: Di-s quiere tal o cual acción. Aún los preceptos que tienen un razonamiento asociado, ese intelecto no es más que una especie de vestimenta donde se inviste la Voluntad Divina, pero aún después de estar investido en una razón comprensible, la esencia del precepto continúa siendo la Voluntad Divina que supera la capacidad humana de entendimiento.

Esto nos lleva a pensar que también los preceptos de tipo Mishpatím y Edot contienen dentro suyo el componente esencial de cada Mitzvá: la Voluntad Divina supra racional. Por lo que la verdadera razón de la observancia de cada uno de ellos (Mishpatím, Edot y Jukím) es porque Di-s mandó, no porque entendamos su utilidad.

Con esta idea vamos a poder explicar una contradicción: por un lado nuestros sabios nos dicen que todos los preceptos de la Torá tienen la misma importancia, y por el otro lado, nos dicen que existe una diferencia entre preceptos graves y preceptos leves (de hecho del castigo que lleva cada precepto se puede ver su gravedad, y, al haber diferentes tipos de castigos, vemos que hay niveles de gravedad).

La idea es que desde la perspectiva de la razón dada para cada Mitzvá, cada una tiene un nivel de gravedad y es diferente de las otras, mientras que, desde la perspectiva de la esencia de todas las Mitzvot, la Voluntad Divina, todas son iguales.

Por esto, no somos quién para decidir qué preceptos vamos a cumplir y cuáles no, ya que, desde la esencia de los preceptos, todos son igualmente importantes y fundamentales para la realización del objetivo de la existencia del universo, hacer de este mundo, una morada para Di-s.

Bendiciones y éxitos,
Rabino Tuvia Serber

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Vida Judía - La seguridad primero

"Cuando construyas una casa nueva, harás un cerco a tu techo, y no pondrás sangre en tu casa, cuando se caiga alguien de él" (Devarím 28:8)

A lo largo de la historia, los techos eran utilizados para almacenar cosas, secar granos o simplemente descansar. Además, eran peligrosos. La Torá nos manda a minimizar ese peligro construyendo un cerco de, por lo menos, 10 puños ("tefajím") de altura y lo suficientemente fuerte para soportar el peso de un adulto. Los techos que no se utilizan (por ejemplo, un techo con mucha inclinación) no necesitan ser cercados.

Este precepto va más allá de los techos y se aplica a cualquier situación peligrosa. Algunos ejemplos son balcones y escaleras, así como los agujeros en una construcción deben ser cubiertos o rodeados por un cerco. Piletas de natación también deben ser protegidas.

Idealmente uno no debería poseer un perro peligroso. Se considera peligroso si asusta a la gente.

Así mismo está prohibido ponerse en peligro a sí mismo. Algunos ejemplos son caminar por aguas correntosas más profundas que la cintura y manejar un vehículo a una velocidad peligrosa.

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Mensaje del Rebe - Veneno de la serpiente

Sin el veneno, la serpiente no es más ni menos que cualquier otra criatura de Di-s. Ya sea la serpiente del odio, de la codicia, de la indiferencia, de los celos, del orgullo o cualquier otro aspecto negativo del ser humano, son sólo malos por su veneno, el veneno de "Yo existo".

Porque cuando "Yo existo", no hay espacio libre para que ningún otro ser en el mundo exista.

Sin el "Yo", aún los celos y el orgullo pueden ser gloriosos animales, llevando a la persona a hacer el mayor de los bienes.

Adaptado de las obras de Rabí Menajem Mendel de Lubavitch (1902-1994)

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